El objeto social es uno de los elementos más importantes al momento de constituir una empresa en Chile. Define qué actividades podrá realizar el negocio y establece sus límites legales. Un error en su redacción puede traer problemas con el Servicio de Impuestos Internos, limitar el crecimiento de la empresa o dificultar trámites comerciales.
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Características de un objeto social adecuado
Para evitar contratiempos, el objeto social debe ser claro, pero no demasiado restrictivo. Lo primero es identificar la actividad principal de la empresa.
Por ejemplo, si se trata de una tienda de ropa, lo lógico sería indicar que su giro es la “comercialización de vestuario y accesorios”. Sin embargo, para permitir una mayor flexibilidad, conviene agregar actividades complementarias, como la importación, fabricación o distribución de productos textiles.
Uno de los errores más comunes es definir un objeto social demasiado específico. Si un negocio se enfoca solo en la venta de un producto o marca en particular, cualquier cambio en la oferta significará modificar la escritura de constitución. En cambio, una definición amplia y bien estructurada permitirá adaptarse a nuevas oportunidades sin necesidad de reformular la empresa.
Otro aspecto clave es asegurarse de que el objeto social sea coherente con el código de actividad económica declarado ante el SII. Esto impacta en el régimen tributario y en la posibilidad de optar a beneficios fiscales o financiamiento. Además, ciertas actividades requieren permisos especiales, como en los rubros de salud, educación o transporte.
Al momento de formalizar la empresa, este objeto social debe quedar plasmado en la escritura de constitución y registrarse en el Registro de Empresas y Sociedades.
¡No lo dejes a la suerte!
Un objeto social bien definido facilita la operatividad del negocio y evita complicaciones futuras.
Es una decisión que debe tomarse con proyección a largo plazo, considerando no solo el giro actual de la empresa, sino también sus posibilidades de expansión.
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